Asesinos S.L.
Asesinos S.L. es una novela inacaba de de Jack London, concluida por Robert L. Fish, que trata el conflicto entre el amor a la vida y la condena del asesinato con valores como la utilidad social, la prefección o la promesa.
Dragomiloff es el jefe de una sociedad de asesinos que se dedica a eliminar a enemigos de la sociedad, previa justificación ética de que su muerte tendrá beneficios sociales. Encarna un ideal de superhombre en el que se auna la fuerza física con una inteligencia superior que lleva a normas morales distintas y "superiores" a la del resto de los mortales.
A lo largo de toda la obra, London y Fish utilizan el diálogo entre los inteligentes personajes para presentar el citado conflicto entre el valor de la vida, que representan en principio Hall y Grunya, con el desprecio a la vida y el ensalzamiento de la perfección de las ideas que representan Dragomiloff y el resto de su agencia de asesinos a sueldo.
Resulta curioso como, a lo largo de la obra, Hall y Grunya acaban sucumbiendo ante los poderosos argumentos de Dragomiloff y los asesinos, al quedarse sin más armas en contra que su propio amor a la vida y la repugnancia por el asesinato. Cabe destacar que los asesinos no son simples matones que cumplen órdenes, sino que todos ellos son personas con una moral e inteligencia bastante desarrolladas que les encanta discutir sobre asuntos filosóficos y consideran su trabajo de asesinos totalmente justificable bajo su visión ética, denominada por London varias veces como "la ética enloquecida".
Si hay algo en la obra que debo censurar bajo mi punto de vista, son las escenas en las que Dragomiloff acaba con la vida de algunas personas: me recuerda al Cid, en la que los dos guerreros son estupendos, pero uno golpea y erra, y el otro golpea, acierta y mata de un sólo golpe, como si fuese un Dios o algo así. No resulta creíble en absoluto, aunque no es que haga mucha falta. Tampoco me gusta la absurda manera en la que muere el penúltimo personaje (no digo quién es por si alguien se lo va a leer). Y no llego a entender con qué argumento convence Hall a Dragomiloff de la necesidad de la disolución de la agencia, es muy confuso.
Por último he de reproducir unos parrafillos del libro que me han gustado especialmente (Alianza Editorial, 1994:
- - ¡Es usted un monstruo! Un monstruo terco y obstinado de una rectitud absurda y lunática. Es usted una mente intelectual degradada, la ética enloquecida...
- - ¿Le gusta a usted matar a seres humanos?
- No me molesta, aunque tampoco puedo decir que me guste. Pero de algo hay que vivir. - - La vida humana no es nada. Menos que una bagatela. ¡La existencia! Nuestras vidas son meros peones en el juego de la evolución social.
- - ¿Matar? ¿Matar? ¿Por qué ese miedo a matar? La muerte no es nada. Sólo las bestias, las criaturas del lodazal, temen morir. [...] Nosotros estamos más allá de la muerte. Somos inteligencias totalmente desarroladas, conocedoras del bien y del mal. Morir no representa para nosotros mayor dificultad que matar. ¡Matar' Es una acción que se da en cualqueir matadero, en cualqueir fábrica de conservas del país. Es tan corriente que casi resulta una ordinariez.
- - ¿Quién no ha aplastado nunca a un mosquito de un guantazo? ¿Quién con un solo movimietno de una mano alimentada de carne, alimentada de muerte, no ha aplastado a un mecanismo volador enormemente sensible, deslumbrador, maravilloso? Si es que hay tragedia en la muerte, piense usted en el mosquito, en el mosquito chafado, en ese bello milagro etéreo destruido y aplastado [...] El mosquito, entre los fenómenos de la materia viva, es tan maravilloso como el hombre. [...] ¿Y cuál es la diferencia? Aplaste usted a un mosquito. Ya está aplastado, ¿no? Pues eso es todo. Sea cabó. Ha muerto y no queda recuerdo de él. Pero aplaste usted a un hombre, aplaste usted al ser humano a lo largo de generaciones y generaciones, y algo queda. ¿Qué queda? No un organismo peripatético, ni un estómago hambriento, ni una cabeza calva, ni un puñado de muelas doloridas, sino pensamientos, pensamientos majestuosos, espléndidos.
- - Tienes que ser una broma. No puede ser real. Aquí están ustedes, tan amigos, comiendo y bebiendo juntos y dicéndose afectuosamente como piensan matarse unos a otros. Despiértame, Winter. Esto es un sueño.
- - Si el hombre quere merecer su capacidad de raciocinio, todas sus creencias han de estar sujetas a modificaciones.
- - Dentro de cada uno llevamos un instinto que nos impulsa a defender nuestra vida. Pero también dentro de nosotros llevamos oculto el deseo de morir.
- - La lógica existe en diferentes grados [...]. Si tengo una piedra en la mano y tú adivinas dónde está, la próxima vez cambiaré de mano... O la dejaréen la misma pensando que tú vas a creer que voy a cambiarla. O la cambiaré si pienso pienso que vas a adivinar mi razonamiento. O...
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